Reseña en el Diario Progresista

Monólogos en rosa, en rojo y en violeta

LUNES, 11 DE NOVIEMBRE DE 2013
EDUARDO NABAL ARAGÓN

Se acaba de publicar y presentar en Madrid los monólogos impresos de una de las figuras más emblemáticas de la lucha por la visibilidad gay y drag de los años ochenta y, sobre todo, noventa del siglo pasado.

Pero que desde su incendiaria columna en el Diario “El público” sigue causando controversia y diciendo verdades como puños.

Me refiero a Shangay Lily siempre dispuesta a meter el dedo en la llaga, aún a riesgo de equivocarse. Uno puede discrepar de muchas de sus opiniones pero no hay que negarle una capacidad camaleónica y sobre todo de dominar tanto el registro del teatro/performance de pequeño presupuesto con la política, lo lúdico o el alcance social de sus trabajos. Es decir Shangay Lily no representa a toda la comunidad gay pero sí que le gusta remover conciencias tanto de los gays o lesbianas (y en estos monólogos también de las mujeres en general y en plural) a un lado y el otro de la barrera al tiempo que cuestiona el heterosexismo dominante. Sus lúcidos artículos sobre la idolatría hacia Sara Montiel, sobre los criptofascistas, sobre la homofobia Rusa o sobre el empresariado “rosa” le han valido tantas alianzas como violentas críticas , llegando a recibir amenazas por parte de algún cachorro del partido que nos desgobierna. Su forma de hablar es provocadora pero necesaria. No siempre me gusta Shangay Lily pero sí su escritura fluida, lúcida y venenosa que se hace necesaria más ahora que nuestra comunidad (o nuestras identidades diversas) se entrecruzan con el paro, el miedo y la desestructuración social. La publicación de estos sabrosos y, en ocasiones, incendiarios monólogos sobre todo centrados en el tema de lo “femenino” universal y particular es más que agradecible.

Debido al poco teatro gay que hay en el Estado Español con las excepciones de la joven compañía Alejandro Melero o las coreografías de Dani Pannullo. Poca gente lee hoy teatro –menos aún teatro no heteronormativo- y lógicamente el teatro es para verlo representado (máxime si es un monólogo cómico en el que hay que interactuar con el público). El autor de “Machistófeles” nos obsequia ahora con su dramaturgia acida y dentro de poco, si el tiempo y la debacle cultural por estos lares no lo impiden, podremos leer su ensayo “Adiós, Chueca” que narra la experiencia de una frustración y un desencanto con respecto a los intereses creados por el capitalismo feroz pero también una esperanza en un futuro mejor.

Pero las palabras del autor hablan por si solas. Creo que cuando te pagan tanto y la fama llega tan fuerte es porque estás haciéndole el juego al sistema corrupto, ‘dando juego’, como le gusta decir a la gente en televisión para enmascarar venderse y no tener opiniones o criterios”, confirma rotundo. “Por eso creo que debemos crear otras alternativas de cultura, de comunicación, de información, de sociedad. Para que no sigamos esclavos del monopolio capitalista que siempre pide algo a cambio de facilitarnos la vida… piden nuestra vida.”

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